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Migraciones y demografía humana de los orígenes al siglo XXI
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Migraciones y demografía humana de los orígenes al siglo XXI

La historia del hombre en el planeta Tierra inició hace unos 6 millones de años, cuando una serie de cambios en el patrimonio genético permitió a un restringido grupo de primates presente en África adoptar una postura bípeda, utilizar con éxito sus manos y desarrollar un cerebro más voluminoso, capaz de resolver diferentes problemas de supervivencia.
A partir de aquel remotísimo período, se desarrollaron varias formas de homínidos. Algunos permanecieron en África, mientras que otros viajaron a través del planeta en busca de mejores condiciones de vida.
Todos estos homínidos desaparecieron con el tiempo, excepto una especie, la de Homo Sapiens, a la cual nosotros pertenecemos.
La primera especie humana que salió de África fue el Homo Erectus, que apareció hace aproximadamente 1,8 millones de años y sobrevivió en algunas subespecies hasta hace unos 13.000 años. Era un homínido robusto, con el arco de las cejas muy marcado y en cuanto a conocimientos, era capaz de utilizar el fuego y trabajar piedras y huesos de animales.
Se sabe con seguridad que el Homo Erectus llegó a las actuales Indonesia y China (Homo Erectus Erectus y Homo Erectus Pekinensis). ¿Qué lo impulsó a emigrar de África y explorar las inmensas tierras de Eurasia, llegando hasta la isla de Java? Probablemente, la razón por la cual comenzó a emigrar alrededor del planeta fue la necesidad de seguir manadas de animales, pero algunos estudiosos desarrollan la hipótesis de que, como todos los pertenecientes a la especie Homo, tenía curiosidad y quería conocer las tierras que lo rodeaban.
El debate se enfoca en la posibilidad de que el Homo Erectus haya llegado al Nuevo Mundo hace unos 300 milenios. Esta es la tesis de la arqueóloga brasilera María Beltrao, quien sostiene haber estudiado algunos yacimientos de huesos de animales de la megafauna trabajados por el hombre, los cuales se remontan a aproximadamente 300.000 años y fueron hallados en el actual Brasil.
Posiblemente, el grupo de humanos que, descendiendo del Homo Habilis, se transformó en Homo Erectus, fue el del Homo Ergaster. Por otro lado, en la actual Georgia se descubrieron los restos del Homo Georgicus, un Erectus que probablemente se dirigía hacia el oriente.
Sigue vigente el debate sobre si el Homo Erectus colonizó también la actual Europa.
De hecho, en las cercanías de Heidelberg, en Alemania, se encontraron los restos de un homínido muy robusto de un peso aproximado de 100 kilos y de altura de 1,75 metros. El Homo Heidelbergensis, que vivió entre 500 y 300 milenios atrás en Europa, fue probablemente un descendiente de los primeros Erectus que abandonaron África hace un millón de años y que se adaptaron al inclemente clima de la Europa del Pleistoceno.
Según los últimos estudios de paleo-antropología, el descendiente directo del Homo Heidelbergensis fue el Homo Neandertal, que apareció en la actual España hace unos 230.000 años y que sobrevivió en Europa hasta hace unos 28 milenios.
Contemporáneamente, se había desarrollado, en la isla indonesia de Flores, un descendiente del Homo Erectus, de características delicadas y gráciles, llamado Homo Floresiensis, que vivió entre 90 y 13 milenios atrás.
Simultáneamente a estas migraciones y evoluciones del Homo Erectus, que dominaba gran parte de Eurasia y quizá también algunas zonas del Nuevo Mundo, en África se desarrollaba una nueva especie de humanos, más especializada y capaz de adaptarse con rapidez a los cambios climáticos y a las migraciones de los animales. Esta nueva especie, que se originó del Homo Rhodesiensis hace 300 milenios, se llama Homo Sapiens Arcaico. Los estudios de genética demostraron también que todos los seres humanos actuales tienen un origen común en la llamada Eva mitocondrial, o bien la mujer que dio origen al Homo Sapiens Arcaico, hace aproximadamente 200 milenios, en la actual Etiopía.
Cabe preguntarse por qué los Erectus, que estaban ya presentes en Asia desde hacía milenios, no evolucionaron en formas más desarrolladas de humanos. Además, queda el interrogante de por qué la mujer que dio origen al Homo Sapiens Arcaico era nativa de África, justo como los primeros homínidos, y no de otras zonas de la Tierra. Por ahora, no hay una respuesta científica a esta pregunta.
El grupo humano destinado a conquistar el planeta se originó en la actual Etiopía, y luego de unos 100 milenios de su aparición en la faz de la Tierra, comenzó varias migraciones que lo llevaron a colonizar todas las zonas del mundo y a suplantar a todos los Erectus y a sus descendientes.
Para llevar a cabo profundos análisis sobre las migraciones humanas, los paleo-antropólogos comparan los restos humanos hallados en las diferentes partes del mundo y los datan con el método de la radiación radiométrica.
Por ejemplo, en las orillas del Río Omo, en Etiopía, se encontraron restos de Homo Sapiens arcaico que se remontan a 200 milenios atrás, mientras que en Suráfrica y en los yacimientos de Skhul y Jebel Qafzeh en Israel, se hallaron restos de Homo Sapiens, cuya antigüedad es de 100 milenios.
Por consiguiente, la fecha de 100.000 años atrás es considerada como el momento a partir del cual el Homo Sapiens Arcaico salió de África a conquistar el planeta. Según la arqueóloga brasilera Niède Guidon, algunos pocos grupos de Sapiens Arcaicos llegaron a Brasil navegando en embarcaciones improvisadas justo hace 100 milenios, como comprueban algunos restos de fogatas datadas con el método de la termoluminiscencia, halladas en el estado brasilero de Piauí, en Brasil.
La situación de la población humana de hace 100 milenios era, pues, la siguiente: en África oriental, meridional y septentrional (Atlas), había Homines Sapientes arcaicos, que se aventuraron también hacia Brasil (grupos muy restringidos de no más de cien individuos), y al Medio Oriente (Israel). En Europa y Asia central (hasta el actual Uzbekistán), vivía el hombre de Neandertal, mientras que en el extremo oriente vivía el Homo Erectus y en la actual Indonesia (isla de Flores), estaba su descendiente, el pequeño hombre Floresiensis.
Según el eminente estudioso A. J. Coale, la consistencia demográfica de la humanidad hace 100 milenios (incluyendo, por tanto, todas las especies de Homo), era de no más de 30.000 individuos. Podemos estimar que aproximadamente 20.000 eran Homines Sapientes Arcaicos, mientras que el resto eran Neandertal, Erectus o Floresiensis.
Falta aclarar cuáles fueron las directrices de expansión de los Sapiens arcaicos y por qué se impusieron tan fácilmente sobre los otros homínidos que ya habían colonizado Eurasia.
Según algunos investigadores, los Sapiens salieron de África a través del istmo del Sinaí, dirigiéndose hacia el oriente. Hay varias explicaciones de por qué se adaptaron a nichos ecológicos particulares.
Eran capaces sobre todo de fabricar instrumentos mucho más específicos y eficaces que los de sus predecesores. No sólo trabajaban eficientemente la piedra, obteniendo verdaderas armas que servían para cortar, perforar, golpear y penetrar las presas, sino que también podían elaborar sofisticados instrumentos moldeando los huesos de los animales y el marfil, obteniendo así arpones, redes y cuerdas para la pesca, y arcos, flechas, lanzas y tirachinas para la caza.
Esta notable adaptación a las difíciles condiciones de vida durante la larguísima glaciación de Würm (de 130 a 11,5 milenios atrás), condujo al Homo Sapiens a imponerse como el más formidable cazador del planeta y por tanto, a expandirse demográficamente. Es posible que no haya habido jamás enfrentamientos cruentos entre Sapiens y Erectus, sino que simplemente el número de Erectus bajó precisamente porque se les hacía difícil competir por el alimento con los nuevos.
Según los últimos estudios de paleo-antropología, el Homo Sapiens llegó a Australia alrededor de hace 50 milenios. Hace unos 40 milenios se impuso sobre los Neandertales de Europa y llegó al Nuevo Mundo en flujos considerables, tanto a través de las rutas del Pacífico como por las praderas de Beringia (ver mi artículo sobre la población del Nuevo Mundo según la teoría poligenética).
Según el demógrafo A. J. Coale, el número que conformaba la humanidad hace 70 milenios era de sólo 60.000 individuos, mientras que hace ya 40 milenios la población mundial llegó a las 800.000 personas.
A partir de alrededor 40 milenios, el Homo Sapiens dio inicio a manifestaciones artísticas y espirituales. Probablemente comenzó con el culto del alma y de la vida después de la muerte. En las tumbas halladas por todas partes del mundo y que se remontan a este período, se perciben varios ornamentos y objetos que se pusieron al lado del cadáver, con el fin de que acompañaran al difunto en el viaje eterno.
A este período se remontan las primeras pinturas rupestres (y petroglifos), por ejemplo las descubiertas en la caverna de Chauvet (Francia), y las primeras estatuillas zoomorfas de marfil (Vogelherd). También la música hizo su aparición con instrumentos de viento y de percusión como la flauta y los tambores. Además, empezó a efectuarse el comercio entre las varias comunidades. Mientras que los Neandertal y Erectus vivían del autoconsumo y no tenían frecuentes trueques con las otras etnias, los Sapiens se intercambiaban sus productos, como por ejemplo utensilios de obsidiana, jade, preciadas conchas como el Spondylus y piedras semipreciosas. Incluso se piensa que justamente alrededor de 40 milenios atrás nacieron los primeros embriones de los idiomas modernos.
Según los últimos estudios de arqueología, la primera civilización, es decir, una sociedad organizada, jerárquica, basada en la agricultura, donde exista un sistema que haga respetar las reglas y donde algunos grupos de personas se dediquen a las artes, sean plásticas, pictóricas o concernientes a la cerámica, surgió en las costas al frente del actual estado del Gujarat, en India, alrededor del 7500 a.C. (civilización de Khambat).
El estudioso Coale opina también que entorno a aquel período la población mundial era de 8 millones de personas.
Durante el sexto milenio a.C., los Sapiens se volvieron sedentarios, con el mejoramiento de las técnicas de la agricultura. Además, habían empezado a usar los metales, utilizando el cobre para objetos ornamentales e instrumentos de defensa.
En el 3000 a.C., cuando surgieron las grandes civilizaciones históricas del Valle del Indo, del Río Azul en China, de los Sumerios en el actual Irak, de los Egipcios y de Caral en Perú central, la población mundial amontonaba ya a 40 millones de personas.
En el 500 a.C., mientras Solón promulgaba sus leyes en el ágora de Atenas, y mientras Siddhartha Gautama Buda predicaba su doctrina de las cuatro nobles verdades, la población mundial alcanzaba ya los 125 millones de personas.
Al nacimiento de Jesús, los humanos eran 160 millones, mientras que 1800 años después, en plena era napoleónica, los habitantes del planeta llegaron a los mil millones.
Sólo doscientos años más tarde, en el 2000, la población mundial superó los 6 mil millones mientras que hoy, a pocos meses del 2010, se llega casi a los 7 mil millones.
El incremento exponencial de la población humana se debe también al aumento de la esperanza de vida, pero más que nada a las altísimas tasas de natalidad de los países africanos y asiáticos. Si las prospectivas futuras se confirman, ya en el 2050 la población mundial podría superar los 9 mil millones. Es un dato alarmante, sobre todo considerando que una buena parte de esta inmensa masa humana no tiene acceso al agua potable gratuita, no dispone de atención médica adecuada y no recibe una educación básica, mientras que la minoría adopta un estilo de vida caracterizado por el consumismo excesivo y por el poco respeto al ambiente y a los recursos energéticos.
 

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

Este articulo se puede reproducir indicando el nombre del autor y la fuente www.yurileveratto.com

Fotos:
Al principio del artículo: reconstrucción del Paranthropus boisei, homínido que vivió en África hace aproximadamente 2,7 millones de años.

Cráneo de Homo Habilis
   "         de Homo Ergaster
   "         de Homo Erectus
   "         de Homo Rhodesiensis o Homo Sapiens Arcaico
   "         de Homo Heidelbergensis
   "         de Homo de Neanderthal
   "         de Homo Sapiens (dal Museo dell'uomo americano di Sao Raimundo Nonato, Piauì, Brasile)

 

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